Icono del sitio Medicina Sana

A veces, esperamos demasiado de alguien que nunca nos ha dado nada

Las personas nos pasamos gran parte del tiempo aguardando cosas. Esperamos que nuestros propósitos se cumplan, que los demás reaccionen como lo haríamos nosotros y que aquellos a quienes amamos nos respondan de igual modo: con reciprocidad.

Ahora bien, en ocasiones el mundo acaba tan desafinado que nada de esto se cumple, y nuestro mundo, nuestras esperanzas, se derrumban.

No obstante, no debes sentirte frustrado por ello. Las personas necesitamos dar determinadas cosas por sentado para sentir cierta sensación de seguridad.

Al igual que todo niño tiene la certeza de que sus padres lo quieren, también los adultos nos esforzamos por creer que nuestras parejas harán en cada momento lo mismo que nosotros hacemos por ellas.

Porque la balanza de las relaciones afectivas debería funcionar así, a pesar de que, en ocasiones, aparezca el vacío, el desengaño. El esperar demasiado cuando, en realidad, no recibimos nada a cambio.

Cuando lo esperamos todo y no recibimos nada

Hay quien tiene integrado en su ser esa idea de que la felicidad está en dar, no en recibir. Tal vez sea nuestra educación, o ese valor excesivamente noble que se olvida de un aspecto esencial para sobrevivir: la autoestima.

Recibir también es un derecho

Es necesario que empecemos a dejar a un lado muchos de esos conceptos que vulneran nuestro equilibrio emocional. Proporcionar felicidad es un acto de nobleza que nos enriquece; puedes verlo incluso como una obligación: dar es bueno, pero recibir es también una obligación.

No estamos hablando, claro está, de bienes materiales; de hecho, tampoco de favores. Cuando hacemos algo por alguien no hay que esperar “obligatoriamente” a que nos devuelvan con creces ese acto espontáneo que nos sale del corazón.
De lo que tenemos todo el derecho, e incluso la obligación de recibirlo, es respeto. Si das amor no deben devolverte frialdad o egoísmo. Este es, sin duda, un aspecto esencial en el campo afectivo.

En nuestras relaciones de pareja “dar y recibir” es un derecho y una obligación. Es un tipo de energía que se crea entre dos personas donde ambos se nutren para crecer, para encender cada día el motor de esos corazones que saben qué es el respeto y la reciprocidad.

Esperamos demasiado porque estaríamos dispuestos a dar mucho más.

Puede que en alguna ocasión te hayas encontrado con alguien que te increpa con expresiones como “es que tú esperas demasiado de la gente”, “es que eres demasiado sensible y todo te afecta”…

Amar es renunciar a parte de uno mismo para albergar a la otra persona, para atenderla, para ponerla en el centro de nuestro universo personal y construir todo un mundo a su alrededor.

Ahora bien, no debemos caer en estos extremos en los cuales nos olvidamos de nosotros mismos. Puedes esperar muchas cosas de la otra persona, pero no te olvides de esperarlo todo de ti mismo:

Cómo reaccionar cuando nos damos cuenta de que nunca hemos recibido nada

El que te dirá hasta dónde eres capaz de llegar será tu corazón. Si te levantas cada día con más nubes que ilusiones, si las ganas de llorar y la frustración son los renglones donde se escriben todos tus momentos, es tiempo de reaccionar.

Una idea que nos transmiten algunos psicólogos emocionales es que lo mejor es no esperar nada de nadie y esperarlo todo de nosotros mismos. Ahora bien, esta idea tiene muchos matices.

o que merecemos por encima de todo es respeto, de nosotros mismos y de los demás. Por ello, nunca dejes de luchar por recibirlo. El amor es reciprocidad, apoyo y sinceridad.

Si no tenemos nada de esto, esa relación no será auténtica ni saludable.

Fuente e imágenes: MejordeSalud

Salir de la versión móvil