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Adelgazar es más difícil si se come pasadas las tres

Más apetito por haber esperado hasta tan tarde, más emociones asociadas a la comida, menos insulina en el cuerpo a esa hora para ocuparse de gestionar los nutrientes, peculiaridades genéticas que inciden en los ritmos circadianos, pertenecer a un determinado patrón biológico noctámbulo o madrugador. Todas son explicaciones posibles para este hecho recién constatado.

Es una asociación que aún no se sabe qué implica. Ni siquiera que comer más temprano ayude a controlar los kilos. Pero abre una mirada distinta basada en la cronobiología sobre uno de los mayores problemas de salud del mundo occidental: el sobrepeso y la obesidad.

Un primer estudio, dirigido por Marta Garaulet, del departamento de Fisiología de la Universidad de Murcia, ya mostró hace un par de años cómo la hora de la comida marcaba en parte la eficacia o la ineficacia de dietas para perder peso. Ahora un nuevo estudio de la Universitat de Barcelona, dirigido por la experta en nutrición y ciencia de los alimentos María Izquierdo, ha comprobado el mismo fenómeno entre personas obesas severas que se habían sometido a cirugía bariátrica como último recurso para bajar su exceso de peso, que en muchos casos estaba generando síndrome metabólico y secuelas cardiovasculares.

En el estudio, cuyos resultados se publican en la revista Clinical Nutrition, se analizaron 270 pacientes de la unidad de Obesidad del hospital Clínic que dirige el endocrinólogo Josep Vidal. Todos los participantes, la mayoría mujeres, habían tenido un índice de masa corporal superior a 40 (se considera un índice normal 25) y después de haber probado diferentes métodos para perder peso sin éxito, habían necesitado una cirugía bariátrica que redujera su capacidad de absorción en el estómago y el intestino.

“Y hemos encontrado una diferencia clara entre estos tres grupos: la hora de la comida. No hay variaciones por sexo, edad, la hora de la cena o la del desayuno u otras circunstancias: el 70% de los pacientes del tercer grupo, el que desde el principio respondía peor al drástico tratamiento para perder peso, comía después de las 3 de la tarde”, explica la investigadora principal del estudio, María Izquierdo. En los otros grupos, los que lograron un amplio éxito y los que tuvieron resultados peores con los años, eran tardíos menos del 40%. “Eso no quiere decir que sea un factor determinante, pero la correlación entre una circunstancia y otra nos tiene que hacer pensar en la importancia que puede tener ese factor en la obesidad”, indica.

“Para nosotros ha sido una sorpresa este resultado porque era algo en lo que no nos habíamos fijado. El conocimiento sobre ese hecho no es suficiente de momento como para que incida en lo que proponemos a los pacientes, pero sí un hilo del que habrá que ir tirando porque puede ser la señal de un fenómeno más amplio que debemos tener en cuenta”, reconoce el endocrinólogo experto en obesidad Josep Vidal. El estudio se ha basado en datos recogidos en el hospital Clínic, pero no incluían análisis hormonales, “por lo que no podemos llegar a conclusiones sobre cómo estaban en esos pacientes que respondían peor a la pérdida de peso”, advierte Vidal.

La falta de sueño es otra de las interferencias en el ritmo circadiano más claramente vinculadas a la obesidad. “Todas las disrupciones lo están”, explica Izquierdo. “Se ha podido observar aumento de peso y obesidad en personas que cambian de turno cada semana”. El anochecer baja el cortisol y la insulina, entre otras hormonas. Sube la melatonina que favorece el sueño y que ocupa receptores en el páncreas compitiendo con la insulina, y antes de despertar inicia su ascenso el cortisol y todo vuelve a empezar. Genes, hormonas, adaptación fisiológica, hábitos horarios… Una de las investigaciones en marcha que aún no se ha cerrado analiza las pérdidas de peso entre pacientes con patrones biológicos vespertinos y matutinos, los búhos y las alondras, dos modos de vivir que no parecen voluntarios.

Fuentes e imágenes:La Vanguardia

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